Estos días que estuve en Asturias y en concreto en mi casa de Avilés, aproveché para visitar las obras del Centro cultural internacional Óscar Niemeyer que se encuentra en construcción...


Acabo de terminar de leer este ameno libro de Pierre Szalowski titulado "El frío modifica la trayectoria de los peces". La verdad que no tenía ninguna referencia de este autor, sin embargo, ya en la librería me atrajo el libro nada más verlo y hojearlo un poco. Se lee muy rápido (210 pag.) y realmente resulta muy amena su lectura una vez que te haces con todos los personajes. La historia ocurre en Quebec en las navidades de 1998 cuando un niño "X" tenía 11 años. Sus padres se están separando y pide ayuda al cielo, que cumple con una tremenda tormenta y hielo que consigue cambiar el destino de los protagonistas. Se narran las vidas de varios vecinos que aunque se cruzan a diario, no se saludan ni conocen y siguen la inercia de sus rutinas diarias hasta que este caos meteorológico entra en sus vidas y las transforma positivamente. Boris, un matemático ruso, estudia para su tesis la relación entre la temperatura del agua en su acuario de cuatro peces y la trayectoria que siguen los mismos. Este (en principio) absurdo hecho que da título al libro, se puede extrapolar metafóricamente al cambio positivo que experimentan los seres humanos de esta vecindad ante la ola de frío en forma de cercanía, de proximidad entre ellos. Ante la adversidad se unen, se enamoran y reconcilian, se rien juntos, ayudan al prójimo y descubren que realmente el frío ha modificado sus trayectorias. Un libro sencillo que recomiendo.
Últimamente estoy muy muy vaga para actualizar el blog, será porque es verano ó porque estoy más centrada en vivir que en contar mis vivencias. Al menos, ya que estoy leyendo bastante voy a comentar algunos libros que voy terminando y así, damos un poco de vidilla al chiringuito.
Esta pasada madrugada he terminado de leer "La sal de la vida", de la escritora francesa Anna Gavalda. Ya conocía a la autora por libros como "La amaba", "El consuelo" (libro que tengo pendiente por leer en mi estantería) y "Juntos nada más" (del que vi la entretenida película interpretada por Audrey Tautou -la chica de "Amelie"-). Tengo ganas de conseguir su primera obra y con la que Gavalda saltó a la fama, "Quisiera que alguien me esperara en algún lugar".
Por fin llegó el día en que España se estrenaba en el mundial. Vi el partido y la verdad, me lo pasé en grande escuchando a los comentaristas pletóricos de confianza al inicio augurando goleada y viendo cómo a medida que pasaban los minutos iban cambiando sus comentarios a frases más pesimistas del tipo "no pasa nada, este es el mejor partido que podemos perder". Me parto!, y es que al final, los grandes perjudicados si España es eliminada, son ellos mismos (periodistas, medios de comunicación), ya que pese al gran despliegue en Sudáfrica (por no hablar de Manolo "el del bombo" en un amago de patriotismo rindiendo pleitesía a Felipe y Letizia en Durban), me temo que las audiencias caerían en picado. Como os decía, me divertí un montón ante la situación (pese a querer que ganase España, por supuesto) y a modo de reflexión, -aunque bien es cierto que los jugadores no son culpables de tal euforia previa-, quiero manifestar mi contrariedad por este mundo futbolístico en el que se mueve tanto dinero y unos chicos tan jóvenes se creen "los amos del mundo" simplemente porque hacen lo que más les gusta y porque periodistitas de tres al cuarto les encumbran como dioses a su conveniencia. El más contento con esta historia del mundial es Zapatero, que debe estar encantado al ver cómo los "españolitos" por un momento, dejamos al margen nuestras penurias económicas, nuestra falta de trabajo, nuestra desconfianza en que el gobierno tome medidas resolutivas y todo por animar a "la roja". Por lo dicho, que pierda España es más grave que la derrota de un simple partido, es despertar del sueño, es recobrar la razón y abrir los ojos a la cruda realidad de nuestra sociedad...